El “tupper” y el microondas se convertirán en dos de los elementos principales de tu comida en la oficina. Si puedes preparar la comida para llevarla al trabajo, utiliza siempre que puedas alimentos frescos.
Prepárate un menú a base de hidratos de carbono como arroz o pasta. Para variar puedes elegir verduras y hortalizas, saltéalas con pechuga de pollo a la plancha o con pescado.
No olvides llevarte una o varias piezas de fruta para el postre o para picar entre horas. De esta forma, evitarás sacar de la máquina snacks, sándwiches o bollos industriales que tienen muchas grasas vegetales.
Si tienes nevera en el trabajo, no olvides los lácteos. Puedes llevar un yogur o si lo prefieres, algo de queso. Aunque te parezca raro, puedes picar frutos secos. Es verdad que tienen muchas calorías, pero si no abusas de ellos te darán mucha energía. Si haces lo mismo, el chocolate negro también te aportará el azúcar necesario. Para beber es mejor que no te decantes por las bebidas excitantes porque aumentarán tu grado de estrés. Si sigues estos sencillos consejos, ya verás como te sentirás mejor después de comer, ligera y con ganas para afrontar lo que te queda de jornada laboral.
Fuente: www.alimentacionsana.org
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