Durante el pasado mes de julio, tuvo lugar en Stavanger (Noruega) el concurso «Bocuse d’or» -cuyo nombre viene de Paul Bocuse, padre de la «nouvelle cuisine» y que vendría a ser el equivalente de la Euro Copa de los cheffs de alto nivel, en la que intervienen grandes cocineros de los países Europeos.
España era, hasta hace unas semanas, el único país en el que un cocinero había arremetido contra otro de su misma nacionalidad, aunque recientemente también se ha dado una disputa entre los egos de los cocineros más famosos de Reino Unido, como Herbert Berger, Marcus Wareing, Gordon Ramsay, Marco Pierre White o el televisivo Jamie Oliver, que se regalaron perlas como: «No me importaría no volver a hablar nunca con él, es un bastardo» o «son todos unos niños presumidos».
En un marco donde las reputaciones de unos y otros se tambalea como una gelatina demasiado fresca, hay quienes como Berasategui, destacan el valor de mantenerse unidos, el merchandising, el turismo de calidad y las conferencias y congresos, entre muchas otras «motivaciones», pasa a campo contrario. El representante español, Ángel Palacios, poseedor de dos estrellas Michelin, quedó en el puesto 17 de 20, por lo que, en terminos futbolisticos, no podrá ir al Mundial de Lyon.
Han corrido los rumores de que uno de sus platos se sirvió frío en vez de tibio. Paco Roncero, el único español en el jurado, dice que muchos en el concurso son contrarios al modelo de la nueva cocina española. «Los centroeuropeos, belgas, alemanes… apuestan históricamente por el modelo francés». Y luego están los nórdicos y bálticos, que se votan entre ellos, como en Eurovisión. ¿Quién ganó? Noruega. Mejor cocinero, el francés. «Impredecible».
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